Día 3

Y nos vamos a la cárcel.

Tras la negación del rodaje en la cárcel de Nanclares de Oca –donde se llevaron a cabo los encuentros restaurativos- por parte del ínclito Ángel Yuste, secretario general de Instituciones Penitenciarias, que nos respondió con un lacónico y despreciable: “Yo no lo veo”, encontramos la solución en la cárcel vieja de Segovia, famosa por su “fuga”.

Estas jornadas serían los momentos más especiales para todo el equipo pues el desplazarnos a Segovia nos obligaba a concentrarnos como un equipo deportivo. ¿El resultado? Se estrecharon los lazos entre todos nosotros -si no lo estaban ya- y dejamos de ser un equipo técnico y artístico para convertirnos en una cuadrilla de amigos, en un gran cuadrilla de “dantzariak” y de “bailarines” sin duda.

Comenzamos en los exteriores de la antigua cárcel y con la entrada del coche también entramos todos para seguir en el interior. Con la grata presencia de los señores coproductores en su papel de funcionarios que dan el pego totalmente, eso sí, convenientemente vestidos, con su chapa y todo, como manda la moda carcelera.

Los actores, plano a plano, se van aproximando a la sala del encuentro. Vamos rodando en orden de guión lo que me permite visualizar el montaje a la perfección.

Tras el rancho en una de las naves de la cárcel seguimos con una de mis secuencias favoritas que no digo nada para no hacer spoilers.

Finalizamos el rodaje con una quedada obligada en la plaza cerca del hotel porque, cómo no, queremos seguir pasándolo bien. Pero esta vez con una cervecita en la mano y alguna aceituna en el paladar. Qué bien lo pasamos.