Día 1

Nos vamos de buena mañana hasta Valdebebas (Madrid) conduciendo el que será uno de los protas de la secuencia a rodar. Una vez más, mi querido Renault Megane, bien limpito de chapa y cristales, como hace 10 años en mi primer corto, iba a participar en un rodaje. Mientras lo acicalan con su lapa y todo, los actores pasan por maquillaje dispuestos a montarse en él para arrancar y meter primera; el rodaje comienza.

No hay tiempo en esta jornada tan apretada y a media mañana nos dirigimos al Parque de Carlos París donde un fantástico frontón nos traslada a Euskadi en 1984. Aquí participo como un pelotari de cestapunta y el meterme tanto en el papel me provoca una ruptura de fibras en el abductor y un fuerte golpe en la cabeza de la tibia al chocarme con la valla protectora. Así que todo el rodaje iba a estar cojeando; soy un bruto pero quedó impecable.

El día es agobiante, muy caluroso y aunque maquillaje rejuvenece a Mabel 30 años, ella las pasa canutas para trabajar. Una vez acabado el último plano con ella, en donde se produce la explosión de la bomba, recogemos para reponer fuerzas para la última secuencia.

Y nos vamos a la frutería más bonita de la calle Vallehermoso. Una frutería con 50 años de antigüedad, ideal para seguir en 1984. Arte se encarga de contextualizarla en Euskadi con unos carteles aquí y allá, sin olvidar, por supuesto, cambiar a “pezetak” todos los precios. Rodamos esta secuencia que me gusta mucho en su concepto donde el castellano da el relevo a un euskera bizkaiera interpretado por unas actrices formidables que anticipan lo que está a punto de pasar en la historia.

El calor sigue siendo agobiante y decido sacrificar un par de planos para que no nos asfixiemos en esta frutería que se ha convertido en una sauna donde técnicos y actores se cuecen “al vapor”. Pero lo pasamos de fruta madre.